Estado del bienestar. Joan Serra i Malla

El lobo, que era malvado pero no tonto, admitió su fracaso con relación al caso de los tres cerditos. Malparado y encima impopular, juró, por el prestigio de la especie, que las cosas no quedarían así.

    Por su parte los cerditos, al fin seguros, continuaron construyendo y disfrutando de sus resistentes casas de ladrillo a prueba de lobo.

    Éste, viendo claro que en el futuro tendría las de perder, se aplicó el cuento y cambió de estrategia. Así que abandonó los agotadores métodos tradicionales basados en la fuerza bruta y apostó por el estudio; fue a la universidad y se hizo banquero. Llegó el boom del ladrillo y concedió tantas hipotecas como pudo, sobre todo a los cerditos confiados.

    Más tarde, con la crisis económica a la vista, el lobo se sentó en su sillón, se frotó las manos y se limitó a esperar que los cerditos no pudieran pagar sus hipotecas.

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